Si no se pone especial atención, la relación de los adultos con un adolescente puede estar peligrosamente reducida a críticas y a la vigilancia del cumplimiento de normas.

Qué es una etapa difícil pero necesaria para la maduración, no es novedad. Que cuesta comunicarse con ellos, un hecho indiscutible. Pero no todo está perdido, aunque están en la edad del pavo (una expresión ingrata), los hijos siguen siendo seres humanos a los que les hace muy bien escuchar ciertos mensajes.

Contrario a lo que a veces se piensa, los adolescentes tienen necesidades especiales de comunicación y, más aún, ellos esperan que sean los padres quienes tomen la iniciativa.

Para este crucial acercamiento los padres deben tener en cuenta dos puntos fundamentales.

El primero de ellos, entender que el comportamiento más desafiante de los hijos a esta edad no tiene que ver con que se transformó en una mala persona, sino que es algo propio de su desarrollo. «Es normal y también positivo que el adolescente evalúe y cuestione lo que se le ha enseñado. Eso a los padres les provoca la sensación de que existe mucho conflicto y quizás amplifican lo que simplemente es parte de un proceso», dice la psicóloga María Elena Gumucio.

Luego, en segundo lugar, no perder de vista que la emocionalidad del adolescente es intensa, variable y poco profunda y no vale la pena sobre reaccionar frente a ella. En otras palabras, no vale la pena enganchar con las descalificaciones explosivas de un adolescente, y entender que no es lo mismo que esas palabras las diga, por ejemplo, una hija de 35 años.

Teniendo estos puntos en cuenta hay actitudes y frases que los padres deben decir, pues a los adolescentes les hace muy bien sentirlas y oírlas:

1. «Me encanta estar contigo».
Pese a que los adolescentes son los que ponen la distancia con los padres, la percepción de ellos es que los papás se dan muy poco espacio para acercarse y estar juntos. Hay muchas cosas que no se conversan porque no se dan los espacios, por eso, es bueno de vez en cuando estar individualmente con ellos y evitar interrogarlos acerca de lo que a los padres nos interesa.

2. «Puedes acudir a mí para lo que sea, aquí estoy para escucharte».
Un adolescente da mucha importancia al hecho de poder acudir a sus padres cuando existen problemas. Darles la seguridad que se estará siempre disponible para ellos es clave. Ahora, lo importante es saber que estar verdaderamente disponible, es escuchar, evitar contra preguntar de entrada y sermonear. Hay que escucharlos sin interrumpir e intentar comprenderlos antes de empezar a corregir. Escuchar con atención estimula el deseo de hablar de los hijos y construye un ambiente de respeto y afecto mutuo.

3. «Estoy orgulloso de ti».
El ideal es recalcar una característica que realmente nos parezca positiva y darle un ejemplo para que nos crean que es verdad lo que decimos y no solo palabras bonitas. Para hacer sentir realmente este orgullo al hijo ayuda mucho que los padres eviten comparaciones y también eviten poner metas desmedidas y no acordes a la realidad de cada hijo.

4. «Confío en ti».
Es importante reflejarle a los hijos la sensación de potencia, es decir, demostrarles que se cree en ellos y en las cosas que pueden hacer. Pero, según María Elena Gumucio, esta confianza no debe expresarse como una exigencia o con un tono de presión, sino que debe ser en son de empuje, con un modo muy cariñoso: «Confío en que podrás hacer lo que te propones».

5. «Te quiero».
A veces, los padres pierden muchas oportunidades de expresar amor y cariño y también de recibirlo, sólo porque no se lo han propuesto como un objetivo consciente, cuando es el mensaje más importante que los adolescentes quieren oír.

El amor es ingrediente fundamental de una familia sana. Te quiero, dicho en voz alta y a menudo es lo que más ayuda a saber quiénes son y porqué han nacido. Un adolescente debe estar seguro del amor de sus padres. Y, sin duda, que la mejor manera de demostrarlo es con tiempo y dedicación.

Leave a Reply

Share