Es tan estrecho el límite, que muchas veces estamos en esa disyuntiva interna y profunda, que nos hace dudar de nuestro rol parental. “¿Lo estaré haciendo bien?” “¡Esta niña está haciendo lo que quiere!”, “¿Habré sido muy estricta con mi hijo?”.
Por Daniela Vieira Papapietro
Para los niños, recibir el afecto de los padres es una necesidad y un factor protector potente en su desarrollo. Sin embargo, tenemos que ser cautelosos en no confundir “quererlos mucho e incondicionalmente” con “malcriarlos”, dándoles todo lo que quieren, cuando ellos quieren y cómo quieren. Son cosas absolutamente distintas y que van estructurando patrones estables en nuestros niños y que generan grandes consecuencias en sus vidas y en las de las personas con las cuales se relacionan.
Para tener clara esta diferencia, es fundamental revisar los siguientes puntos:
• Ojo con la sobreprotección: La protección es un deber como padres y es algo muy positivo para la estabilidad, confianza y desarrollo de los niños. Sin embargo, la sobreprotección es un aspecto que tenemos que considerar y cuidar en períodos de crianza. La sobreprotección envía a los niños el mensaje de que no son capaces de hacer algo por ellos mismos, o que el mundo es malo y están en peligro. La sobreprotección, por lo general, genera niños temerosos y ansiosos.
• Potenciemos la empatía en nuestros niños: Tenemos que estar alerta y no criar niños egocéntricos, que sólo estén centrados en sus necesidades. Enseñémosles a considerar a los demás, que estén conectados con los otros. Por ejemplo: Cuando inviten a un compañero a la casa, que le pregunten qué quiere hacer, o qué quiere comer. Otro ejercicio para la empatía es que ellos elijan los regalos de cumpleaños que le quieran hacer a sus amigos (dentro de un monto previamente establecido). Esto los hace ponerse en “el lugar del otro” y los hace estar más atentos a las necesidades y sentimientos de los demás. Esto, sin duda, que es un gran aporte para establecer relaciones interpersonales sanas.
• Que toleren la frustración: Nadie puede tener todo lo que quiere, cuando lo quiere y cómo lo quiere. Eso debemos tenerlo claro los adultos y enseñárselos a nuestros niños. La frustración es parte de la vida y es bueno que podamos acompañar a los niños en estos procesos, levantando herramientas que les puede ayudar a lidiar con esto. Por ejemplo: Si José pierde en un juego, perdió, lo tendremos que contener y animar a que juegue nuevamente, ya que hay veces que uno gana y otras, pierde. Si pierde en un juego, no vamos a salir corriendo a comprarle algo para que se calme, o decirle a los demás que se dejen ganar.
• Enseñarles a compartir y ceder: Este punto es fundamental para disminuir el egocentrismo, estar más conectados con los demás y tolerar la frustración. La generosidad es un gran valor que tenemos que considerar en la crianza.
• Tener reglas y límites claros y asegurarnos que los niños los cumplan. Los niños se comportan bien cuando saben claramente lo que se espera de ellos. Es importante que les tracemos un mapa de las principales normas y límites y estar atentos a que se cumplan. “Normas claras, conservan la crianza”. Las normas, les dan estructura a los niños y los hace sentir más seguros y confiados.
Con estos puntos, de seguro, potenciaremos un desarrollo positivo en los niños, que aportarán a su bien estar y el de los demás, sin caer en malcriarlos.



