No hay nada que hacer contra el paso del tiempo. Pero sí se puede elegir la manera en que enfrentamos esa realidad inevitable. Envejecer con gracia es un arte, un arte que implica, entre otras cosas, tomar las decisiones correctas en el momento adecuado.
Si las condiciones de vida nos acompañan, lo más probable es que vivamos hasta rondar los 100 años. Esto, que para nuestros antepasados era un sueño, a muchos hoy les parece un horror, pues la tercera edad muchas veces es vista como una etapa de pobreza, soledad y enfermedad.
Por eso, no es raro que algunas personas se afanen en aferrarse a la juventud. Operaciones en el cuerpo, adquisiciones desproporcionadas y un estilo de vida propio de adolescentes caracterizan a quienes insisten en negar la edad. Es ahí donde quizás radica el gran obstáculo del buen envejecer. Porque en la calidad del envejecimiento influye no sólo la genética; también los hábitos y visión que se tenga de ella. De ahí que la gran responsabilidad, individual y social, recaiga en nosotros mismos, pues las decisiones que tomemos ahora repercutirán en los años venideros.
El objetivo no es la eterna juventud, sino adaptarse a los cambios que trae el paso del tiempo y llegar a la vejez con los mínimos déficits y problemas posibles.
Ideas centrales para un buen envejecer:
1. Redes de apoyo sólidas
Esto significa estar acompañados no solo en los malos momentos, que es cuando en general sí se acercan los familiares. Vivir la vida en compañía, siempre, permite estar más contentos. Esto depende de la buena voluntad de los familiares y, sobre todo, de la misma persona de la tercera edad quien debe poner de su parte. Seguir poniendo la casa para reuniones familiares, por ejemplo, o motivarse e inscribirse en un curso junto a las amigas.
Si la persona pareciera no ser capaz de lograr relaciones de amistad y se ve que no está cómoda de vivir en soledad, se debe estar atentos pues puede ser señal de una depresión o de demencia.
2. Hábitos alimenticios y actividad física
El adulto mayor sufre por la pérdida de sus facultades, lo que repercute directamente en su salud mental: producto del aislamiento que provocan quebraduras y patologías propias de la edad, se pueden desencadenar cuadros depresivos y otros.
Tienen directa influencia los hábitos que se han cultivado a lo largo de la vida. Como los de alimentación y los ejercicios, que cooperan a la salud no sólo física, sino también mental. El hecho de poder caminar con libertad, de ser capaz de mantener el equilibrio, da una sensación de vitalidad que mantiene el ánimo en alto.
3. Alcanzar la madurez
Los años no necesariamente implican un desarrollo pleno en todas las áreas, aunque debieran acercarlo. La tercera edad provee de un tiempo privilegiado para hacer florecer toda esa vida interior que permite completar la madurez. Para muchos, ésta es la que permite dar a las cosas la importancia que tienen y, en ese contexto, la vida espiritual se constituye como el último y quizás más importante pilar del buen envejecer. Autoconocimiento, autocrítica, autocontrol, son capacidades que se van desarrollando con los años y que permiten una plenitud a nivel personal y una mejor convivencia con el resto.



