Mientras unos siguen asombrándose con la vida, los otros están en la etapa de contemplarla. Pueden diferenciarlos tres generaciones, pero lo pasan bien juntos. Son los niños y sus abuelos.
Cuando los nietos llegan, los abuelos están contentos pues sus genes, familias y tradiciones, se están proyectando. Muchos de ellos, vuelven a encontrar un espacio para poder estar con los niños, y este tiempo por lo general es limitado: no es un trabajo 24/7 como el de los padres.
“Los abuelos pueden entretener, educar y corregir a sus pequeños nietos, ‘en buena’, porque tienen más tiempo y experiencia de lo que les ha resultado y no. Además, gozan porque se proyectan con estos niñitos chicos. Igual que los padres, quieren que sus nietos sean muy felices y que desarrollen lo mejor de sí mismos”, dice el geriatra Pedro Paulo Marín.
Por otra parte, una relación de amistad entre el abuelo y sus nietos puede ser de gran ayuda para los padres, quienes, confiando en el buen cuidado de sus hijos, pueden salir a disfrutar solos, por ejemplo, de una película. “Una familia sin abuelos es distinta a una familia que sí los tiene, porque ellos complementan la labor formativa de los padres. Y en caso de haber competencia, es cosa de conversar para que no existan fricciones”, sostiene el profesional.
¡Se llevan bien!
A juicio de Mónica Bulnes, psicóloga y conferencista en temas de familia esta estrecha relación se origina desde el día en que nace el nieto, “pues los abuelos establecen una conexión única, por distintos motivos: primero, porque este pequeño es parte de su hijo y de la continuidad y crecimiento de la familia.
En segundo lugar, porque su llegada ocurre en una etapa muy distinta respecto a cuando ellos fueron padres”. Ese período vital, en el que recogen sus años vividos, facilita la relación con los hijos de sus hijos. “Los abuelos tienen toda una experiencia de vida que los ayuda a sentirse más relajados y a disfrutar más intensamente cada momento en el que conviven con el nieto”, explica la psicóloga.
Para aquellos a los que les ha tocado volver a criar niños, la tarea es más compleja: deben controlar sus ganas de “soltar las riendas” y dejar que el nieto haga lo que quiera, pues comprenden que de ellos dependerá que éste se convierta en un adulto íntegro y responsable. Aún en estos casos, como con cualquier padre de familia, puede haber muchos momentos de regaloneo y pasarlo bien, por lo que no todo es estricta formación.
Respetar la identidad de cada abuelo
Esta relación lúdica entre abuelos y nietos no siempre se cumple. Así como existen tipos diferentes de padres, también los hay de abuelos: por ejemplo, aquellos menos juguetones y más serios que suelen ser abuelos que se comportaron de la misma manera como padres. Sin embargo, los niños pueden entender que, gracias a los abuelos, es posible explicar su origen y sus raíces, sintiéndose estrechamente identificados, lo que volvería a hacer única la relación entre ambos.
Por otro lado, también debe entenderse que hay abuelos que son mejores para cuidar, otros para educar, así como otros para inventar panoramas y cuentos. “Si uno tiene la suerte de tenerlos vivos, no le puede pedir a todos los mismo, hay que entender la historia familiar de cada uno”, recalca Marín.



